Anoche mi Amo me encargó una tarea un
tanto particular, me ordenó:
“- ¡FOLLÁTELO! -“.
“- Infórmame con pelos y señales mañana.- “.
A pesar de mis fracasos en tiempos
anteriores al insinuarme a Pedro, decidí poner todo mi empeño en cumplir esta
misión.
Me vestí con sujetador y tanga a juego de
encaje negro y puse unos preservativos en mi bolso, pantalones y blusa ajustada
pero elegante, pendientes, maquillaje y perfume.
Quedamos que a las 8.30 horas, yo pasaba
a recogerlo en coche para irnos al centro comercial, donde se encuentran las
salas de cine. La conversación en el coche fue muy relajada, con bromas y
risas, cada uno se fue poniendo al día al otro de sus cosas. Pedro sólo sabe
que cada cierto tiempo tengo encuentros con un amigo desde hace meses, no suelo
darle detalles de mis relaciones porque siempre critica algo a mí, de mi forma
de ser o de actuar, el motivo de tanta crítica? Pues ni lo sé ni me importa.
Al llegar al centro comercial damos una
vuelta por la segunda planta que es donde están los cines y los lugares para
picar algo antes de entrar. Decidimos sentarnos en un local de tapas y pedimos,
yo le invito a cenar, y él a mí al cine y las chuches (me encantan).
Yo me comporto como siempre porque sé que
a Pedro no le gustan las mujeres que se insinúan ni que quieren llevárselo a la
cama. Le conozco hace muchos años, es meses mayor que yo, no destaca ni por su
atractivo ni por su físico pero desde el principio de conocerlo ha sido mi
confesor en muchas ocasiones, siempre le da un repaso a mi vida para decirme su
opinión, qué hago mal o qué hago bien, yo, como siempre, le dejo hablar y puede
que al día siguiente no me acuerde de nada de lo que me dijo el día anterior,
pero él es feliz así y yo le dejo.
A las 10 empieza la película, así que
después de cenar vamos a la taquilla, las chuches y para adentro.
En el tiempo de los anuncios me dijo algo
que yo no entendí por el sonido tan alto y él para escucharle mejor me echó el
brazo por encima y me lo dijo al oído, lo que me tenía que decir no era nada
importante porque ni siquiera ahora que estoy escribiendo esto, lo recuerdo,
sólo de que pensé: “- Parece que tengo posibilidades -”. En ocasiones me
comentaba algo de la película y siempre me lo decía al oído, incluso en una
ocasión me dio un beso en la mejilla.
Eran las 12.45 horas cuando salimos del
cine, todavía era temprano y le propuse que antes de dejarlo en su casa
fuéramos a tomarnos una copa al centro, cuál fue mi sorpresa cuando me dijo
que, si me portaba bien podríamos tomar esa copa en su casa (muchas veces le
propongo de ver alguna película en su casa, que él se baja de internet, y le
digo y le repito que me voy a portar muy bien, que voy a ser buena y que no me
lanzaré sobre él, pero al final, ni película ni nada).
Llegamos a su casa y pasamos al salón, me
indica que me siente y él va preparando las copas, Beefeater limón para él y
crema de orujo para mí.
La conversación va cambiando, ya no
hablamos de temas personales, ahora hablamos de su celibato, de que dos años es
mucho tiempo ya, que cuándo iba a dejarlo, si no había encontrado a ninguna
mujer que le gustara y ese tipo de cuestiones.
Se acabaron las copas y él insistió en
tomar otra, pues otra ronda de lo mismo.
Yo, hasta ahora no llevé la iniciativa en
nada, sólo dejaba que él hiciera o dijera lo que le apeteciera (de todas formas
el papel de mujer fatal a mí no me va y tampoco sé como abordar a un hombre ni
tampoco me preocupa no saberlo).
Se iban acabando las copas y eran ya casi
las 1.30 de la madrugada, y pensé: “- aquí no hay nada que hacer, para casa –“,
me acordé de usted, mi Amo y del castigo que iba a sufrir por haber fallado y
me puse triste, tanto que parece que se me notó en la cara.
Así que empecé a despedirme de él y a
decirle que tampoco tenía que desconfiar tanto de mi porque me había portado
bien y no había pasado nada. Me levanté del sofá con dirección al abrigo y el
bolso con intención de irme ya.
Pedro también se puso de pie y me dijo
que no me fuera aún que era muy temprano todavía, yo le dije que una tercera
copa no quería que se me había subido algo la crema de orujo y quería irme a
casa antes de que me subiera más.
Él me cogió de las manos y dijo algo así
como, me lo he pasado muy bien contigo, muchas gracias por esta noche, como me
has pedido muchas veces estar conmigo y te he rechazado, por eso, aunque no te
voy a penetrar, quiero vengas conmigo a la cama. Yo no dije nada dejé el bolso
y el abrigo y me fui con él al dormitorio.
En toda la noche no había notado que
estaba mojada hasta ese momento, pero no era en Pedro en quien estaba pensando.
Ya en el dormitorio empezamos a besarnos,
el ambiente estaba muy caliente, Pedro besaba muy despacio y yo al poco tiempo
empecé a acelerar el ritmo (no me agrada ir despacio en nada cuando estoy excitada,
quiero más placer y de diferentes maneras , rápido y ya).
Empezamos a quitarnos rápidamente la
ropa, pero me dejó con el tanga puesto, me acariciaba las tetas y me chupaba
los pezones con avidez, parecía un niño chupando leche de la teta.
Se arrodilló y me fue quitando el tanga
poco a poco, a mi me daban ganas de matarlo allí mismo por la parsimonia que
tiene, pero parece que se dio cuenta de cómo estaba y desde abajo fue besándome
hacia arriba hasta llegar a mi coño, dónde empezó a besar y a lamer, yo abría
mis piernas para que él metiera más su lengua en mí, me agarró con sus manos mi
culo y me apretaba como si no quisiera que me fuera nunca.
Cuando notó que mis gemido y mis
movimientos eran más intensos se apartó de mí, se puso de pie y sonriendo me
dijo que me tumbara en la cama boca abajo (él sabe la poca gracia que me hace
que me dejen a medias).
Mientras yo me tumbaba, fue al baño y
vino al instante.
Se puso de rodillas encima de la cama al lado mío y
empezó a darme un masaje en la espalda con alguna loción, mientras iba
diciéndome lo mucho que había adelgazado y lo bonito que tenía el cuerpo ahora,
que no debía de dejar que mi cuerpo lo tocara cualquiera y que tenían que
merecerse el poder tocarlo. Yo cerré los ojos y me fui relajando completamente.
Después de mi espalda le siguió mi culo,
yo abrí las piernas para que pudiera tocarme mejor, así que cuando terminó con
mi culo, hizo que lo levantara y se fue a mi coño. Con la loción en las manos,
recorría cada centímetro, mi coño estába super mojado y no tardé en querer
tener un orgasmo, pero él parece que se había propuesto no dejarme correr esa
noche porque ralentizaba el ritmo e iba aumentando hasta que yo iba a correrme
y volvía otra vez a hacer lo mismo. Cada vez la subida era más intensa y la
bajada hacía que las ganas de correrme se triplicaran, hasta que mi cuerpo se
retorcía y mis gemidos se volvían más intensos pero a la vez más bajos, era mi
cuerpo quien pedía más placer no mi voz.
Sus dedos estaban por todas partes, en mi vagina, en mi clítoris, su
otra mano aprentándome el culo, hasta que en una subida de ritmo acarició mi
clítoris aún más rápido y tuve una corrida bestial, tuve que morder la almohada
para no gritar, abierta totalmente de piernas, mi cuerpo se retorcía hasta que
los espasmos de placer lo recorrían de arriba a abajo.
Acabé exhausta, sudorosa, tanto que Pedro
sacó unas toallitas y empezó a limpiarme el cuerpo de sudor mientras yo
descansaba de mi orgasmo.
Se tumbó al lado mío, me besó y me
abrazó, le dije que tenía que irme ya que era tarde y me dijo que todavía no
habíamos acabado, cogió mi mano y se la llevó a su polla, una polla gruesa y no
muy larga, estaba dura como una piedra, depilado y dispuesto a obtener placer,
me incorporé y empecé a lamerla y a llenarla de saliva, hasta que cuando estuvo
llena me la metí en la boca y empecé a chuparla intensamente. Pedro estaba
disfrutando, me decía:
“- Qué bien lo haces –“.
“- Qué boca tienes –“.
“- Qué buena estás –“.
“- Sigue así –“.
Su polla , sus pelotas, chupo, lamo todo
como una posesa, él ya deja de hablar y sólo gime muy silenciosamente, hasta
que de pronto empieza a decir algo como: “- oh, oh –“ rápidamente, me aparta la
cabeza y me dice: “- con la mano –“.
Cogí su polla con fuerza y comencé a
pajearle con intensidad, tanto que al poco tiempo empezó a mover las caderas y
a correrse, no bajé el ritmo y seguía, no paraba de salir leche, yo no había
visto tanta leche nunca, así que hasta que no me tocó el brazo no empecé a
bajar el ritmo. Se quedó con los ojos cerrados y disfrutando de su corrida, yo
lo limpié con las toallitas lo más cariñosamente que pude y me tumbe al lado
suyo.
Cuando abrió los ojos me dió un beso en
la frente y me dijo eres una mujer especial con un cuerpo de diosa, y yo le
dije, venga ya, no digas tonterías y nos levantamos de la cama.
Ya en la puerta nos despedimos con un
beso.
“- Me he portado bien, ¿verdad? –“.
“- Demasiado bien, bichillo –“.
Y me fui.

Wow! Fue como estar ahí, viéndolo todo.
ResponderEliminarMe alegra que te haya gustado Spyangel. Nunca se sabrá si es un relato real o no. Saludos desde España.
Eliminar