Chloe

Chloe

sábado, 9 de abril de 2016

MI ÁNGEL.

MI ÁNGEL.

Es usted sin lugar a dudas una virtuosa de la Dominación Femenina, pero además sabe muy bien, y esto es muy de agradecer, como hacer que las sesiones sean un auténtico disfrute en las dos direcciones, y quizás más en la dirección del sumiso, y si le soy sincero, es una actitud muy inteligente por su parte porque es adictiva. Dentro de su papel dominante, a usted le gusta agradar y satisfacer las necesidades de su sumiso, a la vez espero que satisface las suyas.

Destacaría de usted la variedad e intensidad de las prácticas realizadas sin dejar absolutamente nada en el tintero, y en segundo lugar su naturalidad y destreza para llenar el encuentro de toda una batería de juegos verdaderamente maravillosos. El guión que en su cabeza llevaba escrito de cómo llevar la sesión, fue sinceramente perfecto. Usted ya me ha calado, ya sabe lo que necesito y con lo que disfruto, y le estoy por ello muy agradecido. La de ayer fue de largo la mejor sesión de mi andadura por el BDSM, y le aseguro que me siento afortunado por haberla conocido. No es nada fácil encontrar alguien como usted, con su actitud, inteligencia y su capacidad de conectar con su sumiso, y con la habilidad suficiente para conseguir que su sumiso sienta y disfrute rozando los límites, pasar de ser dulce y melosa a traviesa y estricta, creo que es pura magia.

Le aseguro que disfruté mucho, me hizo sentir y experimentar nuevas sensaciones y fue una tarde inolvidable. En una tarde intensa de gimnasio, sudo y ejercito menos todos los músculos de mi cuerpo que en una de sus sesiones. Aún tengo agujetas y como le comente el lunes, hay ciertas partes de mi cuerpo que no dejan de recordarme a usted, y esto es algo que me gusta mucho. Puedo estar en el trabajo con la mesa llena de papeles y el teléfono echando humo, y un leve roce en un pezón o simplemente contraer el esfínter, hace que mi mente vuelva a nuestro lugar de juegos.

Sus sesiones perfectamente programadas y planificadas, son todo lo contrario a algo aburrido y cansado. Maneja los tiempos con una facilidad, tranquilidad y maestría verdaderamente asombrosa. Disfruto tanto en las sesiones desde el primero hasta el último minuto, que será difícil que me vea cansado o  sin la entrega que usted se merece. Yo soy la parte pasiva del juego, mi papel es sencillo, muy fácil cuando se está tranquilo y confiado al cien por cien. Solo he de escuchar y obedecer lo que me diga, pero para usted, tal y como enfoca y dirige sus sesiones, debe ser agotador. Como muy bien dice usted, conectamos cada vez más y nos vamos conociendo un poco más y mejor en cada sesión, y me alegra saber que le gusta mi cuerpo y disfruta usándolo y utilizándolo a su antojo. Esto es un motivo de peso para cuidarme y mantener la forma física necesaria para poder aguantar sus sesiones y contribuir a su servicio y satisfacción.

Para mí será un placer y un honor servirla como a usted le plazca. Intentaré siempre ser un buen sumiso y estar a la altura de lo que usted se merece.
Salvo fuerza mayor, enfermedad o problema físico que me impida conducir, yo iré a verla siempre que me lo pida, ya sabe que puede contar conmigo. No obstante, tenga en cuenta que verla feliz y satisfecha, disfrutando del momento y de mi modesta compañía, para mí es tan vital como el aire que respiro

Me alegra mucho saber que le hago reír, y le diré que disfruto mucho viéndola feliz y disfrutando del momento. Aunque no hace falta que se lo diga porque es algo obvio, yo también me siento muy bien con usted, y entretenerla es lo menos que puedo hacer y honestamente me anima a seguir escribiéndole y contándole cosas. El mérito de esto es todo suyo, porque sin su motivación, comprensión y confianza, no sería posible que alguien como yo escribiera tanto. ​

Sus risas y sus orgasmos son una muestra clara de que le aporto algo bueno de verdad, y ya sabe que participar en su felicidad y en su placer me hacen sentir útil, y al igual que todo aquello que es importante para mí, esta pequeña aportación que le hago contribuye a dar sentido a mi existencia.

Ayudarla a desvestirse de su ropa y colocarse el bonito corsé rojo, las medias negras y los espectaculares zapatos, fue muy bonito y cercano. Sus estrechas caderas y el trasero respingón de quinceañera, unido a su pecho en perfecta armonía con el resto de su cuerpo, le confieren un aspecto juvenil que sorprende bastante. Para mí el físico no es lo importante, pero en este tipo de juegos, el aspecto y la indumentaria son uno de los pilares del BDSM.  
Sentir su presencia y su aliento detrás de mi cuerpo desnudo en el centro de la habitación, sintiendo como sus uñas acariciaban mi cuerpo, fue algo que tampoco esperaba y la verdad es que es toda una forma de comenzar el juego y una forma muy sutil y aterciopelada de enseñar las uñas. Esto como debe suponer también lo disfruté mucho. Esa suavidad y sensualidad con la que se iba acercando a mí, sus delicados y suaves besos y su lengua recorriendo mi cuello, mi espalda y mi cara.

Las cadenas no sirvieron para atarme pero al menos sirvieron como agarre, en su masaje con los pies por todo mi cuerpo, cada vez con más presión pero sin llegar a producir dolor.

Luego me ordenó que me diera la vuelta y fue entonces cuando llego mi momento. La combinación explosiva de pinzas y facesiting fue todo un espectáculo. Creo que ni atornillándome los genitales al suelo, habría impedido que disfrutara como un enano de nuestro facesiting, no sólo fue el más intenso y maravilloso de los que hasta ahora había disfrutado, sino también el más completo y gradual, y como usted es una Señora generosa, me regaló lo que más ansío en este mundo y por ello le estaré eternamente agradecido. Primero me hiciste conocer y disfrutar de tu aroma, dirigiéndome y ordenándome que primero oliera tu ropa interior, sólo oler me decía, y que disfrutara de ese regalo que una Diosa como usted me estaba haciendo. Luego me pidió que besara despacio esa parte tan delicada e íntima de la mujer, para más tarde separar su ropa interior y regalarme la oportunidad de besar y lamer lo más delicioso de este mundo. Yo no podía dar crédito a lo que estaba ocurriendo, pero finalmente se daría la vuelta para encarar esa fuente de placer femenino sobre mi boca, y hacerme así saborear y disfrutar de su orgasmo conmigo. El adjetivo o adjetivos que yo utilizaría para esa parte de su cuerpo serían hermoso, delicado, apetecible, lujurioso, suave, deseable, apetecible, goloso, interminable,... Pasaría días enteros con la nariz y los labios pegados a esa parte de su anatomía, pero me conformare con unos pocos pero maravillosos minutos.

Considero como parte fundamental del juego, probar cosa nuevas y experimentar con prácticas no habituales o menos prioritarias. El spanking sería una de ellas, es de las que no irían en mi lista de prioridades, pero en pocas sesiones, ha conseguido que me enganche a ella y sea de las que más disfruto precisamente por ser todo un descubrimiento. Obviamente, su maestría y destreza con sus manos, hace que esta práctica sea fascinante, y no crea que no valoro la dificultad y posible malestar que pueda tener por realizarla con sus manos. Como usted muy bien definía, con la mano es mucho más íntimo y cercano, y le aseguro que el contacto enérgico de sus manos con mis nalgas, es una sensación mucho más placentera de lo que a priori podría parecer.

Los azotes en los genitales fueron muy intensos, tanto con la paleta como con su látigo de tiras, pero lo mejor fue sentir su cuerpo sentado sobre el mío a cuatro patas mientras me iba torturándome, es un placer sentir sus preciosas posaderas en mi espalda. Ya sabe dónde sentarse cuando esté cansada o cuando tenga ganas de cabalgar.

Respecto al juguete con rueda de pinchos que trajo usted, sin ser de los que tendría en mi colección, he de reconocer que en sus manos fue toda una experiencia que por supuesto espero repita siempre que a usted le parezca oportuno. Este tipo de cosas que a mí no me llaman excesivamente la atención, las considero fundamentales en una auténtica relación D/s. Los momentos incómodos para mí pero atractivos y satisfactorios para usted que decida regalarme porque sí, le dan a este juego un toque picante muy sugerente.

Lo de taparme los ojos fue, además de inesperado, muy inquietante y puso más emoción a la situación. No ver por dónde ni con qué me iba a sorprender fue todo un puntazo.




Tengo los pezones magullados, las pinzas japonesas son la leche, pero si las engancha a las cadenas sujetas a la pared, el resultado es brutal. El peso de las cadenas tiran de los pezones con fuerza, y la sensación es como si te los estuvieran mordiendo dos pirañas hambrientas. Mis pezones están amoratados y doloridos, pero no dejo de tocármelos para revivir la terapia de pezones de ayer. Ver como jugaba con los elásticos de las pinzas, tirando y jugando con ellos, como si fuera una malabarista haciendo un juego de malabares, la verdad es que estuvo magistral y también lo disfruté mucho. Esta parte de mi cuerpo es una de las que más estoy sintiendo y disfrutando, y le aseguro que es difícil mejorar su destreza, delicadeza y a la vez intensidad con la que los manipula, y sus bocaditos dulces y ácidos al final, diría que son la guinda del pastel. Ya sabe lo que me gusta y como disfruto con la tortura de los pezones, que sinceramente es bastante molesta y hasta dolorosa cuando los aprieta con fuerza o tira de las pinzas, pero sobre todo al final cuando retira las carnívoras pinzas japonesas hambrientas de esa parte de mi anatomía. El dolor es intenso pero maravilloso y adictivo a la vez. En anteriores sesiones, después de retirar las pinzas continuaba con sus mordisquitos certeros que sobre unos pezones doloridos y magullados, producen aún más dolor que aunque maravilloso y muy excitante, no deja de ser un dolor punzante e intenso. Pero la verdadera sorpresa de la sesión fue sentir y disfrutar en repetidas ocasiones y además en los dos pezones, de unos maravillosos y suaves besos con juego de lengua incluido, que sinceramente me dejaron gratamente sorprendido. Justo cuando esperaba los mordisquitos habituales, va y me regala ese momento para el recuerdo, por el que le doy las gracias y que por supuesto espero repita. Piense que esta parte del cuerpo es además de atractiva y excitante, una fuente de sensibilidad y placer, que con la terapia adecuada, le aseguro que es algo impresionante. Usted castiga, tortura, haga con ellos lo que quiera, pero al final los cura, los mima y calma su sufrimiento apretándolos suave e intensamente con las yemas de los dedos, y terminando con su lengua y con sus besos para dejarlos calmados y preparados para la próxima sesión.




El momentazo anal fue eso, uno de los momentos de la noche. La dilatación manual en su línea, diría que mejor con estos guantes más resistentes que con los otros más finos. Va conociendo mejor esa parte de mi anatomía y eso se nota, pero lo que fue inesperado y brutal fue su decisión de utilizar el nuevo vibrador. Justo cuando yo esperaba que cogiera el violeta para saldar la deuda que tiene con él,  va y coge el nuevo. Está claro que a usted los juguetes nuevos le duran menos que un caramelo en la puerta de un colegio. En su primer intento no hubo penetración, y entonces cambio al dilatador negro como dando a entender que había tirado la toalla, y tras un pequeño descanso con otro momento dulce con su cuerpo cerca del mío arrodillado en la camilla y con unos besos inesperados y maravillosos, de nuevo a la acción y a no dejar nada a medio. Le diré que fue el momento anal más intenso y bestial que he tenido, y por favor la próxima vez no deje que me retire.

Su intensa manipulación genital durante toda la sesión, acabada en un intenso orgasmo fue para no olvidar. Improvisar sujetando su vibrador con el aro genital fue muy hábil por su parte.

Y supongo que coincidirá conmigo en que el final fue lo mejor de la noche por lo inesperado, intenso y placentero. Después de su primer y maravilloso orgasmo casi al principio de la sesión, permitiéndome disfrutar de su olor y su sabor, cuando parecía que nos disponíamos a recoger e irnos, se tumba en la camilla y me pide que piense y haga lo que crea más acertado, y no sé si acerté, pero el momento fue para grabarlo. Y le aseguro que aunque me hubiera destrozado el culo a golpes, no habría retirado mi boca hasta conseguir su orgasmo, después de besar y acariciar su precioso cuerpo. Sus segundos orgasmos son más intensos que los primeros, y estoy deseando descubrir cómo son los terceros.

Un abrazo.

Ángel.


viernes, 8 de enero de 2016

MI SPANKEE LUIS

Buenos días Mi Señora.

Recuerdo que me azotó duramente, pero lo aguanté bien.

Quería saber si puedo acometer nuevos retos, por ejemplo, la humillación pública del azote delante de otras personas es también un reto.

Bueno ya me he confesado, dígame su opinión, por favor. Si es contraría, lo borramos todo y lo olvidamos, pero no quiero que quede nada sin realizar por Usted, porque no quiero que se avergüenze de mí. Y si no, dígame lo más doloroso que te gustaría realizar, con total sinceridad y sin tapujos.

Le voy a ser sincero una vez más, tengo miedo pero me gustaría experimentarlo, siempre que me lo autorice, ya que de realizarlo estaría Usted presente, Mi Señora. 

En fin tengo muchos retos, y me gustaría estar a su lado para realizarlos, cada vez más duros.

No haré nada sin Usted, y si algún día nos separamos, dejaría el BDSM.

Un beso, Mí Reina.

Luis.



sábado, 26 de diciembre de 2015

EN EL RELLANO DE MI VECINA ANGELINES

En cierta ocasión, alrededor del mediodía, a principios de la primavera, yo me encontraba en la terraza de mi casa, jugando, cuando escuché la voz de mi vecina Angelines, en la calle, junto al portal, decirle a su hijo Paquito que se quedase a jugar un rato mientras ella subía a casa y terminaba de preparar la comida, pero le advirtió muy seriamente:


* Que no escuche yo que alguien te llama la atención, porque como así sea, te subo “pa” casa y te lo explico con la zapatilla. ¿Estamos?


* Sí, mamá –respondió Paquito.


Y así quedó el asunto. Claro que, cuando escuché la amenaza de Angelines, me entró una especie de temblor nervioso, deseando que alguna vecina regañara a Paquito y que Angelines cumpliera su promesa.


Tal vez alguna de las vecinas del bajo protestarían si Paquito se pusiera a corretear por el jardín, como era lo acostumbrado, pero pasaron unos minutos y Paquito estaba cumpliendo la promesa de que ninguna vecina le llamase la atención, cuidándose mucho de no pisotear el césped, porque ya sabía que la señora Trini, la del bajo izquierda, estaba siempre al acecho para llamar la atención a cualquiera que se atreviera a pisar el jardín. Más de una azotaina nos habíamos llevado por su culpa y Paquito no quería ser el siguiente.


Pero claro, pasados unos minutos más, con el ímpetu del juego, varios niños cruzaron por el jardín, correteando el uno detrás del otro, revolcándose por el césped y Paquito con ellos. No pasaron ni veinte segundos cuando se escuchó la voz de la señora Trini llamándoles la atención. Ya se encargaba ella de gritar lo suficientemente alto como para que cualquier madre la escuchara protestar y tomara cartas en el asunto.

La señora Trini disfrutaba con ello.


Y allí estaba yo, asomado al balcón de mi casa, mirando lo que estaba ocurriendo, escuchando la regañina de la señora Trini y rezando para que Angelines la oyera, viera a su hijo tumbado en el jardín y cumpliera su amenaza. Algunas veces había bajado a la calle en zapatillas y allí mismo había comenzado a sacudirle zapatillazos a cualquiera de sus hijos que le hubiera tocado ser la víctima ese día. De ahí mi inquietud, esperando ser público privilegiado de una nueva tunda con la zapatilla de Angelines.


No sé si era por mi nerviosismo, pero los segundos que tardó Angelines en asomarse a su terraza, me parecieron eternos. Efectivamente Angelines se había enterado de todo y asomada como estaba, le dio una orden a Paquito, que ni el peor de los sargentos.


* ¡PAQUITOOO! ¡SUBE INMEDIATAMENTE!


Desde mi lugar pude distinguir cómo se le helaba la sangre a mi vecinito, quedándose completamente paralizado al oír a su madre ordenarle que subiera. Puedo decir que el enrojecimiento de su cara, fruto de los juegos, empalideció súbitamente. Y Angelines, impaciente, volvió a gritarle.


* ¡QUE SUBAS, TE DIGO! ¡QUE TE VAS A ENTERAR BIEN “ENTERAO”!


Al segundo grito de su madre, Paquito reaccionó y comenzó a llorar, sabiendo la que se le venía encima, a la vez que emprendió el camino hacia su casa, lentamente, como si quisiera retardar lo máximo posible la paliza que le aguardaba al llegar a casa…


Ya os podéis imaginar mi excitación. En cuanto mi vecinito entró al portal me di la vuelta, salí de mi terraza, crucé el salón sigilosamente y aprovechando que mi madre estaba cocinando con la radio puesta, para que no se diera cuenta, cerré suavemente la puerta de la cocina y me dirigí hasta la puerta de entrada de mi casa.

Cerré también la puerta del recibidor para aislar cualquier ruido que se pudiera producir y comencé a abrir la puerta de entrada con muchísimo cuidado. Me temblaban las manos y mi excitación iba en aumento.


Una vez fuera de mi casa, dejé la puerta entornada y suavemente me deslicé por las escaleras hasta poder ver el rellano y la puerta de Angelines. Como yo vivía en el último piso, la pared que separaba las escaleras en el último tramo, la habían hecho hasta una altura de aproximadamente un metro y medio. Era una especie de murete que, a modo de gran barandilla, permitía ver el otro tramo de la escalera y casi la totalidad del rellano de abajo, incluyendo la puerta de la casa de Angelines, con lo que mi visión era casi perfecta.

Además, podría observar sin ser visto.


Mi expectación iba en aumento y al poco tiempo comencé a escuchar las pisadas de Paquito subiendo las escaleras, lentamente. Miraba a la puerta de su casa, pero seguía cerrada. Parecía como si Angelines estuviera calculando el tiempo que su hijo tardaría en subir las escaleras para abrirla o tal vez estuviera tras la puerta esperando la llegada de su víctima, quitándose la zapatilla para estar dispuesta y acomodándosela bien en la mano para liarse a zapatillazos nada más abrirla, como tantas otras veces la vi hacer. Esa incertidumbre, esa especie de retraso, me estaba poniendo cardíaco. Se me disparaba la imaginación intentando adivinar qué estaría haciendo Angelines tras aquella puerta.


Y por fin, cuando a Paquito le faltaba sólo un tramo de escaleras por subir, se abrió la dichosa puerta.

Pero… ¡Qué rabia! No veía a mi vecina. Se había quedado tras el hueco de la entrada, esperando en el interior, en el recibidor, seguramente sujetando el pomo con una mano y la zapatilla con la otra, esperando a que llegase el momento oportuno de utilizarla y yo ¡no podía verla!


Ese momento estaba a punto de llegar, pero era Paquito el que no lo hacía. Se había detenido varios escalones antes, al escuchar abrirse la puerta de su casa. Seguía queriendo retrasar lo inevitable. Hasta que Angelines, impaciente, harta de esperar a su hijo, se decidió a salir al rellano.

Y allí estaba la dueña de mis sueños. La reina de la zapatilla. La maestra de las azotainas, con un semblante dominador de poderío absoluto, “animando” a su hijo a terminar de subir aquellas escaleras.


Vestía una falda oscura y una blusa clara, cubiertas por su típico delantal. Aún no se había cambiado de ropa. Ni siquiera se había quitado las medias. Incluso se había calzado las zapatillas en chancleta, con la tela del talón doblada y aplastada por sus pies. Unas zapatillas de paño aterciopelado de color azul marino, rematadas con un bordado en forma de ramas, de suela al estilo inglés, de goma amarilla maciza pero muy flexible, como de un centímetro de grosor en la planta y de poco más de un centímetro y medio en la zona del talón, conformando una pequeña cuña.



Todos conocíamos perfectamente tanto el picor como el escozor que nos proporcionaban los zapatillazos de Angelines cuando usaba aquellas zapatillas. Por eso mi excitación aumentó cuando la escuché.


* ¡PAQUITOOO! ¡¡¡SUBE YA!!!


Y a poca distancia se pudieron escuchar los sollozos del pobre Paquito, sabedor de que había llegado a su destino y de que su madre sería mucho más dura con él, si se retrasaba demasiado. Ésa era una lección que todos y cada uno de los que habíamos pasado por la zapatilla de Angelines, habíamos aprendido.


Definitivamente, Paquito llegó al rellano. Yo suponía, como casi siempre, que Angelines se limitaría a darle unos cuantos zapatillazos allí mismo y que posteriormente se lo llevaría al interior de la casa, cerrando la puerta tras de sí, para propinarle la habitual paliza que tenía por costumbre dar fuera del alcance de miradas indiscretas; pero esta vez me sorprendió muy gratamente.


Asomado como estaba yo, desde lo alto del último tramo de escaleras y perfectamente escondido tras aquel pequeño murete, era un espectador de excepción, aunque por un instante estuve a punto de ser descubierto por Angelines, ya que miró hacia todos lados, como si comprobara la ausencia real de testigos. Entonces me agaché e intenté dominar mi respiración, que se había alterado ostensiblemente, tanto o más que mi nerviosismo, para que no se diera cuenta de que estaba allí.


La voz de Angelines volvió a resonar, dominante e intransigente.


* ¡VEN AQUÍ! –Le ordenó sin moverse ni un palmo de donde estaba.


Su hijo estaba paralizado. No sabía qué hacer. Ni siquiera podía moverse ante la orden explícita de su madre. El miedo le tenía atenazado.


* ¡Que vengas aquí, te digo! –Insistió Angelines-. ¡Y quítate las gafas! –Le ordenó.


* No mamá, por favor…


* ¡Que me des las gafas! –Volvió a ordenarle, apoyando sus manos en la cintura y dando pisaditas de impaciencia en el suelo.


De nuevo Paquito volvió a lloriquear, pero sabía que si no obedecía a su madre, la paliza iba a ser aún mayor, así que, tembloroso y sollozante, alcanzó a quitarse las gafas y se las acercó a Angelines que, con un rápido gesto las agarró y se las guardó en uno de los bolsillos del delantal.


Inmediatamente después, sacó el pie derecho de su zapatilla con un rápido movimiento de delante hacia atrás, dejándola dispuesta para utilizarla. Paquito, al verlo, intentó retroceder pero su madre fue más rápida.




* No mamá, no me pegues –Suplicó.


Pero de nada le sirvió. Angelines se agachó velozmente para recoger la zapatilla y acomodársela perfectamente en su mano derecha y aprovechando la inercia de su movimiento al levantarse, ante la distancia que su hijo había recuperado dando aquel pasito para atrás, lanzó su primer zapatillazo que llegó a impactar en la mejilla izquierda de Paquito, volteándole brutalmente la cara y dejándole marcada la suela de la zapatilla en pleno rostro.


Inmediatamente después, sin darle tiempo de reacción a mi vecinito, la zapatilla de Angelines impactó de nuevo en su cara, volteándosela una vez más y remarcando la señal que ya tenía.





Y mientras le daba un zapatillazo tras otro en la cara y en la cabeza, no paraba de decirle:


* Estoy harta… (Plas) de que las vecinas… (Plas, plas) me llamen la atención… (Plas, plas) por tu culpa. (Plas, plas plas).


El pobre Paquito, ante el ímpetu de los zapatillazos que le estaba dando su madre, intentó cubrirse la cara y la cabeza, pero ella seguía implacable, lo que le hizo tropezar y caer al suelo.


En aquella situación, Angelines se abalanzó sobre él y continuó dándole zapatillazos por donde le apetecía.

Le daba en la espalda, en los brazos… La zapatilla buscaba su cara y cuando no la encontraba se dirigía a los brazos, pero Paquito terminó de caer al suelo completamente, lo que su madre aprovechó para marcarle la zapatilla en los muslos tras un sinfín de zapatillazos.


Estaba fuera de sí. Respiraba abruptamente, agitada como estaba con la paliza que le estaba dando. Y como mi vecinito se cubría, finalmente le sujetó por uno de sus brazos con la mano izquierda, levantándole casi en vilo del suelo, mientras que con la derecha descargaba sus zapatillazos, sin piedad, a diestro y siniestro.


Intentó incluso arrastrar a su hijo hasta el interior de la casa con la intención, supongo, de continuar con la paliza una vez dentro, porque el escándalo que se había formado era tremendo; pero le resultó imposible, por lo que siguió descargando su zapatilla, esta vez sí, en las nalgas y en los muslos del jovencito.


Casi le había dejado desnudo. Con tanto tira y afloja entre los dos, la camiseta se le había salido y estaba a punto de perderla, dejando al descubierto tan tierna espalda, que inmediatamente fue inundada de más y más zapatillazos, dejando la suela de la zapatilla su “sello” en varios lugares.


Pasó lo mismo con los pantalones cortos que llevaba, por lo que aquella zapatilla escribió su nombre en casi todas las zonas visibles de su cuerpo.


Antes de terminar con aquella tunda, Paquito ya estaba absolutamente rendido y tumbado por completo en el suelo. Ésa era la postura en la que más disfrutaba Angelines cuando te pegaba con la zapatilla. Se sentía poderosa y vencedora de una batalla más, en las que siempre jugaba con ventaja. Por eso descargó su habitual traca final. Una incontable cantidad de zapatillazos muy seguidos y muy duros en las nalgas de aquel dolorido niño.


En contra de todo pronóstico, cuando Angelines decidió que había terminado, se incorporó y con la zapatilla en la mano le ordenó a su hijo que se levantara y se colocara bien la ropa.


Mientras mi vecino obedecía a su madre, entre lágrimas y sollozos, como parecía tardar mucho, su madre le lanzaba algún que otro zapatillazo aislado, pero contundente, mientras le “animaba” a terminar de vestirse.


Finalmente, cuando paquito terminó de colocarse toda la ropa, su madre sacó un pañuelo del bolsillo de su delantal y se lo entregó para que se limpiara la cara de tantas lágrimas y algunas mucosidades que le habían brotado, aunque inmediatamente se lo quitó de las manos y fue ella misma la que le limpió la cara.


Acto seguido sacó las gafas y se las devolvió. Una vez hecho esto y manteniendo todavía la zapatilla en la mano, hizo algo que jamás hubiera esperado nadie. Le señaló las escaleras con la punta de la zapatilla y le dijo:


* ¡Ala, ya puedes irte a jugar otro rato!


La cara de asombro, si no de estupefacción de mi vecinito era digna de una película. Ni el mismo niño se creía lo que su madre le estaba diciendo.

Estaba acostumbrado a otra cosa. Esperaba lo habitual. Es decir, que le ordenase entrar en la casa y permanecer castigado el resto del día, pero en esta ocasión no sucedió lo esperado. Así, que antes de que su madre se arrepintiera de aquella decisión, se giró y tomó las escaleras hacia abajo, tan extrañado como dolorido aunque, todo hay que decirlo, algo más contento de lo que esperaba.


Cuando su hijo abandonó el rellano, Angelines lanzó su zapatilla al suelo, como con desprecio, con tal ímpetu que se giró, mostrado la suela, antes de calzársela.




La visión de aquella zapatilla con la suela volteada hacia arriba, del revés, me provocó una grandísima erección, excitado como estaba de haber presenciado tan estupenda paliza.


Mi vecina no se agachó, sino que extendió su pierna y con el mismo pie la hizo girar hasta colocarla en su posición natural y lo introdujo en su interior, acomodándolo con ligeros movimientos sinuosos. Se quitó el delantal, se colocó la falda y se desabrochó la blusa, introduciendo en ella una mano hasta alcanzarse los senos y sobarlos suavemente. Su cara se tornó viciosa, más bien lujuriosa y mientras se mordisqueaba sus propios labios se giró hacia su casa y se marchó, acariciándose también la entrepierna bajo la dulce música de unos suspiros muy sospechosos.


Cerró la puerta tras de sí y yo me quedé completamente hipnotizado.

Autor: José María Zapatilla.
https://es.groups.yahoo.com/neo/groups/lazapatillademama/info
Modelo de zapatilla: Chloe Deva

martes, 12 de mayo de 2015

BELLA

Bella es Mi Dueña
Hermosa Mi Ama y Señora
Dulce su rostro 
Suave su cuello


Su boca fruta fresca
Generoso su pecho
Lluvia y Madre Tierra Su Cuerpo
Miel su sexo


Firmes sus manos
Cálido su abrazo
Verdad sus sentimientos
Sentido Amor me profesa 


Soy yo su bien, su posesión, su propiedad 
Recto el camino me muestra
Con justo castigo me premia
Y me demuestra quién manda.


Con blanca luz me baña.
Con Inabarcable deseo me alimenta
La venero, adoro, temo y amo
A su lado nada me falta

 

Suyo mi pensamiento y voluntad.
Suyo mi cuerpo
Suya mi alma


Sea como el Mar… vea el principio… jamás el final…
Sabe que soy Su criatura... cuídeme... quiérame... ámeme siempre…

 

Zev Barcelona, Mayo, 10, 2015

 

 

martes, 28 de abril de 2015

ORGULLOSO DE SER SUYO, MI SEÑORA.

Beso Sus pies, Mi Señora, los adoraré como los más valiosos dones que se me hayan concedido nunca. Y viviré por y para Usted.

Adoraré Su pensamiento, Su respiración, Su cuerpo entero y Su sexo. De Él me alimentaré para crecer con Su ayuda y apoyo. Y si no lo cumplo, vague perdido y derrotado, no encuentre paz.

De Su mano iré, por cuantos caminos y sendas disponga. Lléveme Mi Señora. 
Juro servirla, complacerla, adorarla, respetarla y amarla más allá de mi último aliento.

Pensaré en Usted y eso me dará fuerzas, no quiero estar solo.
Siempre a su lado y usted junto a mí.




lunes, 20 de abril de 2015

CARTA A CHLOE

Me has pedido Chloe Deva, una tarea, una de tantas que me impones, como prueba de entrega a Ti, tarea que ciertamente cumpliré, obediente, sumiso, noble y valiente, para complacerte siempre...

 Esta vez, no es una orden Tuya, sino una petición personal, una carta hacia Tu Persona, una carta sencilla, que no ha de ocupar más de un folio, dos a lo sumo… como aquellas redacciones que nos mandaban escribir cuando niños, en la escuela de primaria… para expresarte, en libertad, los sentimientos que experimenté al conocerte…
 
 
Aquí la tienes Chloe, 
 
 
Tuya es, como Tuyo soy, quién sabe si quizá ya para siempre, por libre, propio y voluntario deseo, sean cuales sean nuestros destinos, y disponga el futuro.
 
 
Espero que sea digna de Ti, como digna eres Tú de mi…
 
 
Inchallah…
 
 
……....…………....……..


… A veces la vida nos hace transitar por sentidas sendas, absolutamente vívidas, en ocasiones duras, crueles y estériles, cargadas de obstáculos, golpes y espinas, siempre en constante búsqueda… la de nuestro propio Ser... y cuando ya no esperas nada ni nadie, a veces el Universo conspira, y el Destino te regala el más preciado, deseado, e imaginado Bien…


 
Hoy apenas hace dos semanas que mi camino se tropezó en el tuyo, Chloe Deva.


Raro y providencial fué encontrarte... altas eran las barreras a superar, pues no deseabas perder Tu tiempo…, insistí, un minuto más..., y otro… Y mi alma te imploró, Chloe, envuelta de gritos ahogados y silenciosos, humildes y valientes, mirándote desde abajo, arrodillado a tus pies siempre, postrado en el frío y duro suelo, convencido de que no arriesgar a menudo significa perder, morir un poco cada día... No me oías Chloe…

Quizá te llamó la atención el hecho de intuir o sentir, cómo puede, de repente, un corazón abrirse, completamente desnudo, expuesto, desarmado, entregado, abocado al temible y negro vacío, desolador y desconocido, no sin temor, pero ya sin resistencia alguna… - ésto también es posible… Chloe -... y muy, muy lentamente conseguí avanzar…

Una estrella fugaz... recuerdas...?, la más mágica, hermosa, gloriosa y brillante que ví jamás, pasó rozando mi ventana, esa hermosa noche de Abril, mientras nos escribíamos, como cada noche, y hablábamos de sentimientos, sensaciones y emociones, de lealtad y confianza, de temor y de nobleza, de obediencia, la propia de mi condición, aún hombre libre, pero al fin y al cabo, convencido y consciente ya de ser Tu esclavo, esclavo de Tu voluntad, por deseo mío, deseado en lo más profundo de mi corazón,… Sentimientos y emociones unidas a primitivas y ancestrales pasiones, inconfesables, tórridas, húmedas y ardientes, ocultas, casi violentas… deseos que siempre fluyeron en forma natural del lado más profundo, extremo, salvaje y brutal que habita, vive y nos devora, desde dentro, en la misma esencia de nuestro propio Ser…

 Y comprendí finalmente, que sin pretenderlo, me había encadenado a Ti, Chloe… a Ti, Deva, Diosa Celta del Mar, deidad benévola Hindú, priorizando, como rigen tus enseñanzas, al Amor, renunciando a la lógica más elemental, para anteponer los sentimientos..

Deva, que cada día, cuando sube la marea, según dicen, cuentas cada pez y cada objeto hasta asegurarte de que no falta ninguno…

Cuentan una bonita historia, según dicen, si en un día de Luna Nueva, cuando la marea esta baja, tapas con un corcho una botella con el deseo de conocer y vivir el resto de tus días con la persona que amas, y dentro de la botella pones una hoja de hiedra con la palabra Amor escrita y nueve objetos bonitos que hayas encontrado en la misma playa, y la entierras con el cuello a la vista, Ella, cuando suba la marea, buscará todos los objetos de la playa que le faltan, la verá, oirá tu deseo y te lo concederá, pero tienes que pedirlo en voz alta para que se quede dentro de la botella y Ella pueda escucharlo…

Cuánto he gritado,… CHLOE DEVA… en esa playa… cuantas botellas he tapado y enterrado... cuantas veces he sumergido en la profundidad del mar, desnuda y entregada, en las noches, mi alma oscura…

Tras los gritos, como calma tras tormenta, como sol después de un aguacero, puedo escuchar de nuevo mis silencios , hablarte a través de ellos... buceando nuevamente dentro de nosotros mismos... cada mañana, cada noche,... cada madrugada...

Yo no sé qué nos depararán nuestros destinos, Chloe, ni qué espera de nosotros el futuro… Diosa Deva… pues yo nada sé, nada tengo, ni poseo, más que esta hermosa sensación, éste maravilloso y sincero agradecimiento a mi destino, tan sólo por el hecho de haberte regalado... haberte conocido… haberte sentido…



Siempre Tuyo, siempre Contigo, siempre a Tu lado, Chloe Deva...



Zev.



Barcelona, Abril, 18, 2015.


 
 
 

miércoles, 15 de abril de 2015

DEVA, DIOSA CELTA DEL AGUA.

La Diosa Deva, que desde la atalaya del Oeste gobierna todos los poderes del agua y su mundo de emociones y sentimientos. De ella emana la vida, la purificación, la salud y el amor.

Cuenta la leyenda que el agua del mar era dulce hasta que Deva se enamoró de un humano. Su amor duró sólo una noche y Deva volvió al fondo del mar para cumplir con su deber, pero volvió inundada de tristeza y sus ojos no han dejado de llorar desde entonces, y dicen que el agua del mar es desde entonces salada, por las lágrimas de su Diosa.