La Diosa
Deva, que desde la atalaya del Oeste gobierna todos los poderes del agua y su
mundo de emociones y sentimientos. De ella emana la vida, la purificación, la
salud y el amor.
Cuenta la
leyenda que el agua del mar era dulce hasta que Deva se enamoró de un humano.
Su amor duró sólo una noche y Deva volvió al fondo del mar para cumplir con su
deber, pero volvió inundada de tristeza y sus ojos no han dejado de llorar
desde entonces, y dicen que el agua del mar es desde entonces salada, por las lágrimas
de su Diosa.

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